Quizá recuerde el lector que, hace algunos meses, la prensa española se hizo eco de la agresión que sufrió una chica musulmana en la localidad de Cunit (Cataluña, España) por parte un grupo de radicales islámicos. La joven Fátima Ghailan -mediadora cultural del ayuntamiento- no usaba velo, vestía a la manera occidental, se relacionaba con personas que profesaban otras religiones y osaba incluso conducir su propio vehículo. En definitiva, un modo de vida que no podía sino provocar las iras de los fans de Alá.
Tras fracasar diferentes estrategias que pretendían hacerla regresar al redil del profeta, como por ejemplo ofrecer a su marido la posibilidad de casarse con otra u organizar una recogida de firmas para que el Ayuntamiento la apartase de sus funciones de mediadora, el imán del municipio y la hija de éste decidieron tomar medidas y conminarla -al nada sutil modo islámico- a abandonar una vida excesivamente occidentalizada. Con tal vehemencia se empeñaron, que la joven mediadora y su marido tuvieron que refugiarse en un bar próximo huyendo de los golpes. Como resultado de tan desafortunado desencuentro, sendas denuncias cruzadas por injurias y cuatro marroquíes imputados por acoso.
Hasta este punto, diríase que poca idiocia hay en el relato... mas no se impaciente el lector ansioso, que en esta historia sobra:
Hasta este punto, diríase que poca idiocia hay en el relato... mas no se impaciente el lector ansioso, que en esta historia sobra:
