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17 de febrero de 2010

La llamada

[Voz Masculina]: Facultad de X, despacho Y.Z. ¿Digame?
[Voz Femenina]: Hola buenas, que llamo desde Asturias y que si me convalidáis las prácticas del año pasado.

[VM]: ¿Perdón?
[VF]: ¿No está la profesora B.?

[VM]: No, estos días está en París y no volverá hasta la próxima semana. Si tienes alguna duda sobre las prácticas de la asignatura probablemente yo pueda ayudarte...
[VF]: Es que yo el año pasado suspendí, pero aprobé las prácticas y quiero saber si me las guardáis para este año.

[VM]: Ummh... me temo que no es posible. En la guía de la asignatura dice claramente que las prácticas no se guardan de un año para otro.
[VF]: Ya pero es que a mí me dijo la profesora que me las iba a guardar.

[VM]: Me parece un poco raro, pero si tu lo dices... ¿Cuál es el problema entonces?
[VF]: Pues que a mi me dijo el año pasado que me las guardaba y no he vuelto a saber nada. Y si se ha olvidado, ¿qué? ¿Ahora cómo se yo que me las va a guardar?

[VM]: Vamos a ver... las prácticas no se guardan. Si dices que contigo ha hecho una excepción, entonces lo único que puedes hacer es llamar la próxima semana y recordárselo.
[VF]: Ya, pero si ahora no se acuerda o me dice que no, ¿qué?. Porque el plazo límite termina ya y entonces no me va a dar tiempo a hacerlas otra vez.

[VM]: Mira... la guía del curso dice que las prácticas no se guardan. Tienes dos opciones: o esperas a que vuelva y se lo recuerdas, o las repites y nos las envías de nuevo.
[VF]: Pero es que eso no puede ser, que antes me diga que si y ahora que no. Algún mecanismo de control tiene que haber para eso, ¿no? ¿quién controla a los profesores? No puedo estar segura de que vaya a cumplir su palabra.

[VM]: Pero vamos a ver... si te estoy diciendo que las prácticas no se guardan y que lo tuyo sería una excepción, ¿como vas a esperar ninguna garantía?
[VF]: Pero es que yo por ejemplo, soy funcionaria. Y a mi me controlan si hago algo mal. ¿Y quién controla a los profesores? Ahora se va de vacaciones* y yo me quedo así. Debería haber un control o algo para que cumplan su trabajo.

[VM]: No se cómo explicártelo... no puedes esperar que te firme ningún documento garantizándote que se va a saltar su propia norma, o algo así. Con ese control que dices, no te quepa ninguna duda de que tendrías que repetir las prácticas.
[VF]: Pues me parece muy mal... voy a llamar al decanato y al director del departamento!

[VM]: Que tengas suerte. ¡Buenos días!
M.S., Madrid
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*Nota del Autor: la profesora B. se encontraba impartiendo una serie de cursos en Francia. Lamentablemente, a París no sólo se va de vacaciones.

29 de enero de 2010

Idiocia inversa (II)

Salto al andén antes de que las puertas del metro terminen de abrirse por completo y corro hacia las escaleras mecánicas: no puedo perder el próximo tren de cercanías. Conozco mi destino, pero no se qué línea debo tomar ni tengo idea de cuáles son sus horarios y andenes. Si tengo que comprar el billete en las máquinas expendedoras y consultar el mapa de la red, no llego. Eso seguro.
Creo recordar que en la parte superior de la estación hay un puesto de venta, así que me encomiendo a la Administración Española y rezo para que un funcionario dormite en su ventanilla. No es la hora del café (del café funcionario, se entiende) así que quizá haya suerte.
Al final de las escaleras mecánicas aparecen las palabras mágicas. En letras bien grandes: "Venta de Billetes". ¡Y ningún viajero esperando! ¿Mis plegarias han sido escuchadas?
Pienso: "Genial, así paso de las máquinas y además pregunto el número de línea y el andén. Me va a dar tiempo."

Ufano, me acerco a la cabina con aire triunfal. Tras el cristal, dos empleados se concentran en la cuenta de billetes. De dinero, no de los otros. Discuten entre ellos y en principio me ignoran. 30 segundos. Pasan muy, muy, muy, muy... despacio. Me decido a sacar dinero de la cartera con la esperanza de que, mientras tanto, se percaten de mi presencia. Al levantar la vista de nuevo, me enfrento a la mirada fija de los dos tipos. El más cercano primero frunce el ceño y después arquea su ceja derecha. Prepárate, amigo, parece que estás a punto de escuchar una tontería. Efectivamente:

"¿Porqué no vas a las máquinas? ¿No ves que estamos ocupaos?"

Si, eso mismo pensé yo.
Anónimo
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Véase también: Idiocia inversa.

19 de enero de 2010

La hebilla

El reciente análisis del fenómeno de idiocia inversa o proyección de idiocia ha revelado la enorme utilidad de los testimonios como herramienta didáctica y descriptiva. Al relatarse en primera persona, estos casos representativos -cuando no paradigmáticos- de la pandemia pretenden una lectura cómplice que facilite la comprensión del mensaje. Convencidos de su eficacia, algunos intrépidos lectores se han decidido a utilizar el exitoso formato para relatar diferentes experiencias en el ámbito de la estupidez global.

A continuación se reproduce el primero de ellos, por supuesto verídico, tal y como se ha recibido de su autor:

15 de enero de 2010

Idiocia inversa

Es probable que, en alguna ocasión, el lector haya sufrido una de las situaciones que el contacto con infectados provoca con mayor frecuencia: la idiocia inversa. [1]

En este tipo de encuentros, el enfermo proyecta su propia estupidez sobre el desprevenido superviviente. El fenómeno se caracteriza por ser absolutamente impredecible, ya que se produce en los momentos y lugares menos esperados. Al tratarse de una conducta emitida por especímenes de apariencia normal, resulta difícil de anticipar incluso para el superviviente experto. Es ahí donde radica su peligro. La experiencia resulta sumamente desagradable, causando a la víctima una sensación de impotencia y desazón que en casos especialmente graves puede llegar a prolongarse incluso semanas.

El siguiente testimonio, verídico, describe un ejemplo: